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Los neonicotinoides son el nuevo DDT que aniquila la naturaleza

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george monbiot14 agosto 2013 inglese 18x12 italiana 18x12
 
Gran Bretaña, en linea con las corporciones agroquímicas, está contribuyendo a vender la imágen de que el uso de los pesticidas neonicotinoides es seguro. Nada más lejos de la realidad

Es el nuevo DDT: un tipo de veneno que ha sido autorizado con un uso difuso, cuando en realidad no se ha comprobado de forma adecuada que se trate de un producto seguro, de modo que está destruyendo la naturaleza. Otro caso en el que se cumple el dicho "el pueblo que olvida su historia está condenado a volver a vivirla".

Hasta que los neonicotinoides no se han convertido en los insectizidas más utilizados en el mundo entero no se han dado cuenta de su impacto extensivo. Tal y como sucedió con los fabricantes del DDT, las empresas que fabricaban estos productos tóxicos afirmaban que eran inocuos para las especies que no eran el blanco de los tratamientos. Tal y como sucedió con el DDT,  han amenazaron a la gente que ha denunciado la situación preocupante, han publicado declaraciones engañosas y están haciendo todo lo posible para engañar al público. Y para asegurarnos de que la historia se repite como una copia perfecta, paso a paso, algunos gobiernos han colaborado con ellos. Entre los mayores culpables se encuentra el Reino Unido.

Tal y como demuestra el profesor Dave Gulson en su revisión de artículos sobre el impacto de estos pesticidas, todavía no sabemos prácticamente nada de cómo afectan a la mayoría de los seres vivos. Pero a medida que se han empezado a acumular las evidencias, los científicos han descubierto que sus efectos se extienden de forma bastísima a la vida silvestre.

Actualmente se sabe que los neonicotinoides son los mayores causantes del declive de las abejas y de otros polinizadores. Estos pesticidas se pueden aplicar a las semillas de los cultivos, de modo que pasan a todas las partes de la planta durante su crecimiento, matando a los insectos que intentan comérsela. Las cantidades necesarias para destruir la vida del insecto son increiblemente pequeñas: en volumen este veneno es 10.000 veces más potente que el DDT. Cuando las abejas entra en contacto con 5 nanogramos de neonicotinoides, la mitad muere. Cuando abejas, sírfidos, mariposas, polillas, escarabajos y otros polinizadores se nutren de flores de cultivos tratados, parece ser que absoven una cantidad de pesticida suficiente como para comprometer su supervivencia.

Sólo una pequeña proporción de los neonicotinoides utilizados por los agricultores van a parar al néctar de las flores. Estudios llevados a cabo utimamente sugieren que entre el 1,6% y el 20% de los pesticidas utilizados en el pildorado de semillas es absorvido por la planta: una cantidad todavía más baja cuando el insectida se fumiga sobre las hojas. Parte del producto sale volando en forma de polvo, causando probablemente estragos en las poblaciones de muchas especies de insectos en los setos y los hábitats circundantes. Pero la mayor parte - afirma Goulson que hablamos normalmente de más del 90% - del pesticida aplicado a las semillas acaba penetrando el suelo.

En otras palabras, nada que ver con la imágen que están vendiendo los productores, que siguen describiendo el pildorado insecticida de las semillas como un tipo de tratamiento "preciso" y "específico para los infestantes que tratan".

Los neonicotinoides son químicos altamente persistentes, que duran (tal y como demuestran algunos estudios recientemente publicados) hasta 19 años en el terreno. Debido a esta persistencia tienden a acumilarse: cada año consecutivo que se aplican el suelo será más y más tóxico.

Lo que estos pesticidas hacen cuando están en el suelo, nadie lo sabe, ya que no se han llevado a cabo suficientes estudios. Pero - visto que son mortales para los insectos y posiblemente otras especies, en concentraciones bajísimas - es posible que acaben con una gran parte de la fauna del suelo. ¿Esto incluye las lombrices? ¿O los pájaros que se comen las lombrices? ¿O ya que estamos, las aves y mamíferos que se alimentan de insectos o semillas tratadas? Todavía no sabemos lo suficiente como para poder hacer afirmaciones.

Esta es la historia que deberías circular sobre los pesticidas: nos hemos lanzado a la ciega. Nuestros gobiernos los han autorizado sin tener la más remota idea de las consecuencias que podrían tener.

Es posible que tengas la impresión de que la Unión Europea ha prohibido los enonicotinoides. No es cierto. Solo unos cuantos de estos peseticidas se han suspendido durante un par de años y únicamente en ciertos usos. Si escuchamos a los abogados, uno podría pensar que las únicas especies afectadas son las abejas, y que el único modo en que mueren es a través de las flores y plantas cuyas semillas han sido tratadas.

Pero los neonicotinoides se fumigan en una gran cantidad de cultivos. Se tratan parques y zonas de pasto con granulados, para matar insectos que viven en el suelo y que comen las raices de las hierbas. Este tipo de aplicacion, junto con otras muchas no mencionadas, siguen siendo legales en la UE, a pesar de que no se sabe la gravedad de una serie de impactos. Sin embargo, sabemos lo suficiente como para llegar a la conclusión de que probablemente son dañosos.

Está claro que no todos los neonicotinoides que penetran en el suelo se quedan ahí de forma indefinida. Es un alivio saber que una parte se lava, con lo cual... ah, si, van a parar a los acuíferos o a los ríos. ¿Y qué sucede allí? Vete tu a saber. Los neonicotinoides ni siquiera se encuentran en la lista de sustancias que la UE monitoriza en las aguas, según los protocolos de la directiva, de modo que no tenemos un cuadro claro de cuál es su concentración en el agua que usamos nosotros y tantas otras especies.

Pero un estudio llevado a cabo en los Paises Bajos muestra que las aguas provenientes de zonas de cultivo hortícola intensivo están tan contaminadas con estos pesticidas que se podrían utilizar directamente para tratar los pulgones. Este mismo estudio demuestra que a concentraciones todavía inferiores - por debajo de los límites establecidos por la UE - los neonicotinoides que van a parar en el sistema fluvial exterminan la mitad de los invertebrados que cabría esperar encontrar en el agua. En otras palabras, se destruye una gran parte de la cadena alimenticia.

Me decidí a escribir este artículo de la horrible noticia del río Kennet en el sur de Inglaterra: un ecosistema superprotegido, que se encuentra entre los pocos auténticos  arrollos de pizarra de la Tierra. En julio, alguien - un agricultor o el cabeza de familia, todavía no se sabe - vertió otro tipo de plaguicida, el clorpirifós, por el desague. La cantidad era la equivalente - en estado puro - a dos cucharaditas de té. Pasó a través del sistema de alcantarillado de Marlborough y exterminó la mayoría de los invertebrados en 15 kilómetros de río.

Pesce morto nel fiume Kennet

La noticia fué como una puñalada para mi. El mejor trabajo de mi vida fué unas vacaciones de verano, en la universidad, contratado temporal como guardia acuática en la zona de Kennet, en las propiedades de la finca Sutton. El titular había muerto repentinamente. Fue un trabajo difícil y, casi todo lo hice fatal.

Pero aprendí a amar ese trecho de río, y a maravillarme de la increible profusión de vida contenida en sus aguas transparentes. Con el agua hasta el pecho, immerso en la ecología, pasando mucho más tiempo del que hubiera debido observando las ratas topera y los martines pescadores; las carpas gigantes abanicando con sus aletas a la sombra de los árboles, las enormes truchas moteadas, tan fieles a su zona del rio que hacían que la grava del lecho debajo de la cola fuese blanca como si la hubiesen barrido; los cangrejos autóctonos, las libélulas, las moscas de mayo, las larvas de caddis, los camarones de agua dulce y toda una serie infinita de organismos bentónicos.

Por las tardes, buscando compañía y fascinado igualmente por la curiosa gente el río atraía, me paraba en el tranquilo campamento a las puertas de la central nuclear de Greenham Common. Ya os he contado en otro blog el extraño episodio sucedido durante una de las visitas.

Algunos activistas empeñados en proteger el río han descrito cómo, después de la contaminación, el río apestaba a putrefacción por los cadáveres de los insectos y los camarones en descomposición. Sin insectos ni camarones para alimentarse, los peces, las aves y los anfibios que utilizan el río, probablemente desvanerán y morirán.

Después de haber asimilado la noticia, me acordé de un estudio holandés, que me llamó la atención porque afirmaba que los pesticidas neonicotinoides muy probablemente en muchos lugares tenderían a reducir la vida de los ríos más o menos como lo hace en las zonas de cultivo: no sólo en el momento puntual en el que se trata, sino de forma continua, mientras sigan aplicándose en los terrenos circundantes.

Richard Benyon, que se supone que es el ministro a cargo de proteger la vida silvestre y la biodiversidad, y que además es propietario de derechos de pesca en una parte del Rio Kennet, y que representa el distrito electoral al que pertenece el río, expresó públicamente su enfado por el envenenamiento con el clorpirifox. ¿No debería del mismo modo expresar su enfado por el envenenamiento cotidiano de los rios con los neonicotinoides?

Si lo hiciera, tendría serios problemas con su jefe. Del mismo modo que contaminan sistemáticamente nuestros ecosistemas, los neonicotinoides contaminan las políticas (que ya de por si están bastante contaminadas) del departamento que teóricamente se encarga de su regulación. El pasado més de abril, "The Observer" publicó una carta enviada por el Ministro del medio ambiente, comida y asuntos rurales (Defra), Owen Paterson, a Syngenta, fabricante de estos pesticidas. Paterson promete a la compañía que sus esfuerzos para evitar que sus productos se prohiban "continuarán y se intensificarán en los próximos días".

Y efectivamente, el Reino Unido se negó a apoyar la propuesta de prohibición temporal formulada por la Comisión en abril y julio, a pesar de la petición masiva de 80.000 e-mails que Paterson recibió. Cuando Paterson y su departamento "Deathra" tuvieron que elegir entre supervivencia de la naturaleza y los beneficios de las compañías pesticidas, no cabía la más mínima duda de hacia dónde se lanzarían. Por suerte perdieron.

El tentativo de justificación de su voto ha sido uno de los episodios más vergonzosos del triste historial de este govierno. En nuevo jefe científico del govierno, Sir Mark Walport, defendió un estudio encargado por Deathra, que afirmaba que los neonicotinoides no matan a las abejas. El estudio no se publicó en ninguna revista científica, imposible, cualquier científico digno de respeto, y con más razón el jefe científico de un govierno, deberían haber visto immediatamente que era basura total. Entre otros problemas, los tests de control estaban contaminados con el pesticida cuyo impacto se estaba teóricamente evaluando. Más tarde este  "estudio" fué descartado por la Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria.

Per Walport lo hizo todavía peor, lanzando afirmaciones tremendamente engañosas sobre la ciencia, usando el terrorismo informático y el chantage emocional para tratar de evitar que se prohibiesen los pesticidas, remando a favor de sus nuevos amos.

Es difícil enfatizar suficientemente la importancia de este momento de peligro: el fracaso total de la principal fuente de asesoramiento científico de un gobierno, justo al comienzo de su mandato. El jefe científico se supone que no es un pelotero, sino uno que se atiene a los hechos y a los principios de la ciencia contra la presión política. Walport deshonoró su cargo, traicionó a la comunidad científica y vendió el mundo natural tirándolo por la borda, al parecer para complacer a sus "patrones".

La semana pasada, como que veais hasta qué punto este gobierno está manipulado por las empresas que se supone que debe regular, el científico que dirigió los ensayos sin valor que Walport y Paterson presentaron para justificar el voto, dejó el gobierno para ocupar un nuevo puesto en ... Syngenta. Me parece que, de hecho, trabaja ya para ellos.

Así que aquí tenemos un departamento tambaleándose como un borracho con una ametralladora cargada, asegurándonos que "eissssss pfetameeeeeente sguuuuura". La gente que tendría que defender el mundo natural conspira con los fabricantes de un amplio espectro de biocidas que dan lugar a niveles de destrucción que podemos solo tentar de imaginar. De este modo parece que están maquinando una nueva primavera silenciosa.